viernes, agosto 14, 2020
subiendo la montaña! visitando la catarata antankallo
lunes, febrero 10, 2020
punta negra!! primer viaje a una playa peruana
miércoles, noviembre 27, 2019
lista de cosas que quiero hacer
quiero vivir
quiero mandarlo todo a la mierdaquiero coger
quiero bailar rock y música electrónica hasta la madrugada
quiero beber ron y borrarme
quiero drogarme
quiero reírme con amigos
quiero ir a conciertos
quiero viajar
quiero vivir
quiero tener gatitos
quiero aprender a tocar guitarra y escribir canciones de mierda
quiero conocer lugares distintos, todos distintos y semejantes al otro
quiero probar comida diferente
quiero fotografiar bonitos paisajes
bañarme en ríos, playas, lagos, el océano
quiero hablar con distintas personas
quiero perderme en una ciudad que desconozca
quiero vivir y morir joven, pero haber vivido
quiero estudiar lo que me gusta
quiero escribir
quiero dibujar
vivir de lo que me gusta, y dar amor a todo el mundo
quiero vivir,
quiero superar mis miedos, vivir y llorar de la risa
y al final, irme de este mundo sin arrepentimientos, sin pesares, sin la sensación de "quisiera haber hecho tal cosa"
quiero vivir como quiero
martes, noviembre 26, 2019
no soy feliz
así, no soy feliz, ni un poquito. Estoy triste, oscura, negra, vacía, sin sensaciones, sin sentimientos, sin motivos para seguir, sin ambiciones, sin metas, sin fuerzas, sin algo, con nada. Soy simplemente lo que los demás quieren que yo sea. Quiero dejarlo todo, irme, irme a la mismísima MIERDA perderme de todo, irme definitivamente, irme para siempre, perderme en la nada, desaparecer de todos los que me conocen, simplemente ser nadie, ser nada, no estar en ninguna parte, convertirme en una memoria lejana que sólo se recuerda una vez en la vida y luego se olvida para siempre.
lunes, noviembre 18, 2019
Libros de autoayuda
Tu vida y la mía terminaron hace algún tiempo. No puedo ni siquiera determinar cuándo dejaste de soñar, o cuando yo lo hice. No recuerdo cuando dejamos de ser dueño de nuestras propias acciones, o cuando nuestra libertad fue arrebatada.
domingo, noviembre 17, 2019
El mundo es muy cruel
¿Has escuchado el sonido de tu alma siendo desgarrada por la realidad? Es inevitable como la muerte misma, porque vivimos en un mundo que es más cruel que bondadoso.
viernes, noviembre 15, 2019
Julio Lluvioso
Las épocas de lluvias son mis favoritas. Puedo ver el espectro de mí misma asomándose por la ventana de mi habitación, es el augurio de una muerte inminente. El café me sabe a tierra húmeda de lluvia, el ruido del silencio se esparce por doquier y me estremece.
miércoles, noviembre 13, 2019
primeros años
Tenía muchos juguetes, algunos estaban guardados en un extraño tubo largo de cartón duro que sabrá Dios qué era, algunos estaban guardados en cajas, y otros adornaban una mesita. Le tenía miedo a la oscuridad, así que tenía una lampara, una lampara ventilador, es decir, el ventilador en su cuerpo tenía una pequeña bombilla que se quemaba de vez en cuando, y mi padre movía cielo y tierra para comprar otra que sirviera.
Mi cama era anormal. Tenía un armazón súper complejo formado por dos arcos de tubería flexible en cada extremo y una cubierta de tela de velo cubriéndolo todo. Eso era para que los mosquitos no me picaran. La tela era tan fina y delicada que siempre terminaba rota en algún lado, y mi madre siempre la cosía, convirtiéndola así en una tela toda remendada, llena de parches y cinta adhesiva.
Había un ritual para cuando llegaba la hora de dormir, mi madre o mi padre, o ambos me llevaban a mi cuarto y me metían en mi caverna anti mosquitos, rezábamos el ‘ángel de la guarda’, cerraban el velo de modo que nada me molestase en la noche y encendían el ventilador cuya lampara también encendía automáticamente.
Era quisquillosa con la comida. No me gustaba comer casi nada, y eso me produjo un severo caso de estreñimiento. Yo era como una luz en la oscuridad para los mosquitos, tenía toda la piel llena de picaduras, cuan varicela, por lo que siempre tuve que usar pantalones largos y suéteres, nada de shorts ni camisas cortas. Mi cabello siempre fue un desastre porque mi mamá nunca supo cómo peinarlo.
Tenía un patio grande donde jugaba. Subía a los arboles y hacía de ellos centros comerciales. Tuve tres perros, jugué con barro haciendo figuras y pintándolas con tempera. Hice manualidades e inventé varios amigos imaginarios, los cuales un día se fueron para siempre.
Fui muy feliz. Mi único trauma y mayor miedo era que la lucecita de mi lampara se apagase en medio de la noche o que mis padres no escucharan mi llamado para cuando quería orinar en la madrugada. Mi única preocupación fue que mi mamá cocinara sopa, mi comida menos favorita, o no ver a mi papá por más de tres noches seguidas.
No entendía muchas cosas, pero estaba bien. Crecí lentamente, y mis padres me lo dieron todo, excepto un hermanito, pero tuve juguetes y colores para pintar.
Amo lo que fue mi niñez.
cuando el frío no provoca calor
Fue cuando vi en mi propio reflejo la mirada perdida de un ser solitario, que puede entender lo que significa estar desorientado pretendiendo tenerlo todo bajo control. Entiendo el sentimiento de tener que dejar para siempre lo que se era, sé lo que significa erradicar toda memoria para negar el futuro. Llegar físicamente a una tierra donde lo conocido se desconoce y donde sólo hay rostros difusos, es renegarlo todo y comenzar desde un principio incierto.
Reprimir la frustración es algo de lo que me he vuelto experta puesto que lo concibo con una calma majestuosa y paciencia clemente mientras espero sentada frente a la venta el momento en el que todo acabe. A través de esa ventana se puede observar el ritmo de vida exterior, un ciclo pecaminoso de monotonía en el que participa la sociedad general de un país lejano al mío, donde todos son extranjeros sin excepciones y donde todos sufren el clamor de una esclavitud absurda. Y allí estoy yo, paciente, esperando ese final que nos hace a todos seres humanos. Entonces, mientras pienso en lo que pudo ser y en lo que jamás pasará, al mismo tiempo que anhelo un futuro maravilloso y planeo el orden de acontecimientos fortuitos que certeramente caerán sobre mí, siento el frío viento de una estación confusa, que, a pesar de ser julio, me hela la sangre y ya no me da calor.
Entonces pienso: el final habrá llegado cuando el frío vuelva a producir frío en mí. Puesto que el calor ya no me produce frío, así como el frío no me produce calor.
martes, noviembre 12, 2019
Los Ganadores
En lo más profundo de la oscuridad propia de la noche, a una hora en la que el frío no provoca calor y en un momento de mi vida en el que francamente estoy agotada de convivir con la soledad, me pregunto en voz alta si algún día ganaré.
Me he esforzado, y Dios lo sabe. He hecho lo que está al alcance de mis manos para ganar, he llorado todo lo que un ser humano puede ser capaz de llorar, he corrido hasta que mis piernas no pueden sostenerse en pie, he gritado hasta que mis voz se ha ido por completo, he leído miles de millones de letras cargadas de significado, he observado las más hermosas puestas de sol en los picos de montañas más empinados y he memorizado el olor de todas las queridas nostálgicas y húmedas épocas de lluvias. Lo he intentado, he peleado por ello, me he desvelado, he saboreado la sangre, las lágrimas y el fracaso. He estado a punto de rendirme, cientos y miles y millones de veces, pero he seguido, arrastrándome por el suelo, impulsándome con mis uñas. La esperanza me ha abandonado, y ha vuelto, y me ha abandonado, y ha regresado a mí, me ha observado misericordiosamente, con lástima, apiadándose de mí, quedándose para abandonarme justo al final cuando creí haber ganado y todo había sido una cruel ilusión. He buscado y he rezado, Dios lo sabe y la lluvia también.
Dios sabe que he intentado más que nadie en este maldito mundo, y es inevitable llegar al punto de preguntármelo con seriedad. ¿Valdrá la pena intentarlo tanto? ¿Servirá de algo todo mi trabajo? ¿Algún día ganaré?
Sueño con ese momento, acostada en mi cama rodeada de fracasos y segundas oportunidades sueño con el sabor de la victoria. Sólo puedo fantasear y anhelar con cada célula de mi cuerpo que dicho triunfo no esté tan lejos como lo parece.

